jueves, 22 de enero de 2015

El desliz.

Ella mencionó tantas veces esa palabra que se me quedo grabada en la piel, el desliz. Cada historia que empieza debe tener su final, su final planificado, en donde a todos haga llorar. 
Solamente que esta historia que voy a contar en realidad no sé si llamarla verdaderamente "historia" porque simplemente no me da la gana de ponerle un final pero espero que sí los haga llorar. 
Comenzaba el último del año, esa uva que siempre te olvidas de comer, esa época que la suerte ni el dinero te acompañan, hubo vientos cálidos y nuevos para un caballero.  Su vida organizada, su trabajo rentable y su corazón estable, aquí yace el problema, el caballero no quería su corazón estable, era un gigantesco mar pacificado por rompeolas, pero como la historia lo dice los muros caen, y esta vez no fue la excepción.
Parecía que las flores adornaban su andar cuando ella caminaba, el carmín de sus labios, el jazmín de su aroma, la grandeza de sus ojos, ¡sus ojos! una dama hecha y derecha que no necesitaba ver a los lados, se sabía de memoria el camino, evitaba los desperfectos de la calzada, sabía a que atenerse cuando la calle cruzaba. Pero esta vez, sólo por esta vez no supo lo que estaba por venir.
Y quiero decir que no supo, que la cogió desprevenida, con el alma encendida, se sentía el calor cuando esas dos bocas se encontraban, no creo que me estoy adelantando, es un aperitivo al gran banquete de sensaciones que voy a describir. Ella es psicóloga de parejas, de relaciones inexistentes y ausentes, de relaciones de medianoche o sólo de día, con un poco de melancolía le contó la historia de su vida.  El caballero, hombre de dinero, de extensa verborrea, y escasa cabellera, necesitó sólo ser honesto y él mismo para conseguir aquella dama, como amiga verdadera.
Él lo arruinó, como todo hombre, él le robo un beso, que lo echen a la hoguera, que se vaya al infierno, que se vaya preso; no es libre pero en ese momento el corazón lo tenía hecho un viento. 
Escuchó: "sé libre como el viento" y el alzó vuelo, agarró a la dama de su cintura y hasta el día de hoy siguen en el cielo.
Ella lo recrimina, lo pone en jaque, le hace preguntas que se responden con un beso, tiene alma de periodista, nunca deja de preguntar, nunca la deja de besar. Ella dispone lo que él propone, le dio el carro, las llaves, y hasta ahora uno de los mejores momentos de su vida.
Hablan como los mejores amigos, se cuentan las historias que nunca han contado, se prometen, se creen muy maduros, pero cuando dejan de hablar y se besan, ay cuando se besan, se detiene ese instante, se detiene el mundo, se detiene su boca en sus labios, deja al libre albedrío las mordidas y sus gargantas se hacen nudo.
Han hablado de la vida, de la muerte, de sus mejores días, de sus peores suertes.
El desliz que ocurre, vienen con los zapatos apropiados, ropa cómoda y danzados.
Ocurre cada solsticio de la semana, ocurre cuando sale el sol, cuando se apaga, cuando la luna se besa con la mañana, en verdad no les voy a decir cuando ocurre, donde ocurre ni nada.
Este es el contenido, el epílogo, o capaz está recién empezando. Han decidido no decidir sobre su suerte, no la buscaron, ni la han pedido a gritos, simplemente, estaba escrito.       

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